La reedición de Tempestad iba por buen camino. Yo encontré Escafandra, una pieza instrumental olvidada que no se porqué hicimos a un lado en su momento. Alfonso encontró una versión hasta cierto punto primitiva de DesafÃo. Ã?bamos a buen ritmo, remezclamos y estábamos a punto de terminar hasta que apareció Fong, ¡el también quiere agregar un bonus track! Ya lo tiene, es cierto; es una improvisación que está en una cinta antiquÃsima de las primeras sesiones en Huitzilac (Bola Domene era el baterista en esa ocasión y aun no nos llamábamos La Barranca); a mi también me gusta lo que quiere poner. Pero el proceso concreto de remezcla y masterización de esa última pieza se ha atorado inexplicablemente. Todos sabemos, él también, que es cuestión de un dÃa o dos a lo sumo, es lo único que falta, el arte ya está listo. Pero habrá que esperar al Sr. Fong.
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Las canciones suelen presentarse en forma misteriosa. Normalmente aparecen desnudas. Y sin embargo ¿qué es una canción, cómo reconocer una, si es que aparece? Es difÃcil saberlo. Porque una canción no es un juego de acordes, no es una melodÃa, no es una letra, no es un riff. TendrÃa que ser todo eso, pero a veces todo eso no es una canción. O no es una buena canción.
Creo que más bien una canción son todos esos elementos coincidiendo en un momento con una emoción. Una canción es la materialización repentina de una emoción. Cuando aparece y somos capaces de reconocerla nos llena de gusto y sorpresa. Ahà está, desnuda, a lo mejor insinuándose solamente, más como una promesa que como una realidad, pero ahà está. Entonces la tomamos y tratamos de ver hacia dónde quiere ir, que es lo que promete. A veces ciertamente no quiere ir a ningún lado, ya esta donde querÃa. A veces no hay que darle muchas vueltas, a veces hay que darle mil y aún asà no podemos atraparla jamás. Pero si tenemos suerte (u oficio) llegará un momento en que la sentiremos lo suficientemente terminada como para presentarla a la familia, es decir, a la banda
La tomamos entonces y la llevamos al grupo para esperar su reacción. Mmmmmm. Rostros generalmente inexpresivos. Acaso los demás oigan lo mismo que uno oye y los emocione. O puede ser que no y simplemente digan “esa no me gustaâ€?. O pude ser que simplemente no digan nada, en espera de que también a ellos se les revele con mayor claridad más adelante. Pero de ser adoptada, empieza entonces el proceso de darle vida en el grupo, normalmente agregando cosas, vistiéndola. Poniéndole muchas más notas de las que traÃa al aparecerse.
Si uno escucha con atención, es posible encontrar ahÃ, en el origen, todas las cosas que después formarán parte de la versión final, todos los elementos sugeridos. Por ejemplo, en la canción Denzura, aún cuando en principio era solo una guitarra acústica (similar a la que se escucha en el principio de la grabación del disco) yo podÃa escuchar las guitarras eléctricas distorsionadas y pesadas que suenan ahora.
Casi siempre, los acordes que en un principio se tocan con una sola guitarra acústica ahora se dividen, repartiéndonos sus notas entre las guitarras y el bajo. Cada uno de estos instrumentos luego desarrolla su propia lÃnea a partir de eso, adquiere cierta independencia. El ritmo que se insinuaba en el rasgueo original se convierte en una baterÃa o incluso se busca un ritmo diferente. Poco a poco la canción va tomando otra fuerza, se va llenando de cosas. A veces en ese proceso se descubren nuevas rutas que nos jalan y la canción también comienza a alejarse del punto original de partida. A veces serÃa incluso difÃcil reconocer de donde surgió.
Finalmente, cuando uno termina de grabar una canción han pasado tantas cosas que ya la canción es otro tipo de objeto, ya es más bien una grabación, una puesta en escena, una coreografÃa. La desnudez ha sido orquestada, alterada, revestida. Sodomizada a veces. Y que bueno que asà sea.
Ahora, nuevamente nos hemos visto obligados ha revisar el catálogo de canciones, el repertorio de La Barranca. El disparador, el pretexto si se quiere, ha sido el concierto acústico para el Chopo. El primer impulso, el más fácil, es tocar las canciones tal y como las tocamos normalmente, sustituyendo sólo las guitarras eléctricas por unas acústicas.
Sin embargo eso no nos funcionó por dos cosas: una, las versiones, tal y como están, tienen en las guitarras eléctricas (y en el arsenal de efectos que usamos Alex y yo) un elemento fundamental y protagónico. Al retirar este lo que queda es una versión deslavada de la misma canción. La segunda razón por la que no nos funcionó es que nos resultaba tremendamente aburrido hacerlo asÃ. No implicaba ningún riesgo ni trabajo.
Entonces lo que hemos hecho es realmente revisar las canciones, revisitarlas. Y esto con el fin de tratar de encontrar de nuevo su origen. En un proceso inverso al que normalmente seguimos las hemos desvestido, las hemos despojado de todo en un intento por recuperar su esencia.
La canción como materialización repentina de una emoción.
Y en el proceso hemos hecho unos descubrimientos y rencuentros increÃbles. Claro, hay canciones que no soportan tal desnudez: son demasiado vanidosas o demasiado intrincadas. Pero el aprendizaje es que las que lo soportan (y afortunadamente hay varias) también soportan casi cualquier tipo de decodificación, de reestructuración.
Entonces hemos encontrado el gusto de tocar con todas estas limitantes (Chema no usa su baterÃa normal): cero reposterÃa, cero trucos. Tocar sólo lo que se tiene que tocar. Para mi ha sido una especie de aprendizaje zen.
Y también nos ha permitido revivir varias canciones que estaban medio olvidadas por ahÃ, y que este proceso nos ha permitido replantearlas. Algunas como Tambor, Reptil o SÃndrome han sufrido un tratamiento bastante radical pero que, de alguna manera, conservando el espÃritu original, me parece que las hacen más coherentes con lo que la banda esta tocando ahorita, más actuales, por decirlo de alguna manera.
Obviamente las letras y la voz, o más precisamente, la voz que esas letras generan, adquiere otra perspectiva. Es bueno poder oÃr las inflexiones.
De cualquier forma, el tocar asà invita a otro tipo de experiencia, a otro tipo de actitud. Para nosotros mismos es casi como si estuviéramos en otro grupo. En un grupo dentro del mismo grupo, o en ese grupo del otro lado del espejo.
Y hay un inmenso placer en ello.
Lo estrenamos en Guadalajara el 3 de septiembre y fue sorprendente. Me parece que la gente, en muchos casos, agarró muy bien la onda. O al menos eso queremos creer. Al terminar estábamos eufóricos en el improvisado camerino del Bebotero de Tlaquepaque.
Envalentonados con eso, al otro dÃa, en eléctrico, tocamos un programa bastante extremista, lleno de canciones nuevas del EP del Cielo y versiones expandidas de rolas del Denzura. Fue largo y demandante. El primer tercio corrió muy bien, hasta mi versión de Marte. Tras el interludio del video de Tsunami regresamos para toparnos con mil fallas en los monitores, como si alguien los hubiese movido intencionalmente. Nos costó trabajo enderezar el barco y aun faltaba El Agua que Cae. En el último tercio las cosas mejoraron, hasta que se me rompió una cuerda al final de Tolteca y con eso la concentración que habÃamos recuperado. Llegamos al final gracias más bien a la energÃa de la gente, que estaba inmejorable y por encima de cualquier falla técnica.
Rock and Roll
Hoy hacemos el acústico en el Museo del Chopo. Ya hicimos algunos ajustes y agregamos No Mentalices. Y estoy ansioso por tocar.
José Manuel