July 6, 2004

Filed under: Postales — Jose Manuel @ 10:33 am

Justo antes de salir a tocar, cuando terminaba Son de Madera, se soltó una lluvia portentosa. La gente corrió a refugiarse como fuera. Existía media hora considerada entre cada banda para hacer el cambio de set. Mientras ponían nuestras cosas la lluvia seguía cayendo con fuerza. Como el festival estaba perfectamente organizado no había manera de mover horarios. Si la lluvia no se iba íbamos a tener que tocar así. Esperábamos el llamado medio aprensivos e hicimos varios conjuros. Y justo en el momento de subir al escenario la lluvia paró. El cielo de Toulouse se abrió de nuevo, la gente regresó gradualmente y pudimos tocar sin mayores problemas. Después de todo, ya un día antes habíamos “ensayado� en la FNAC.

El público francés está acostumbrado a escuchar. Yo creo que después de la tercer o cuarta rola se dieron cuenta que no éramos el típico grupo fiesta-latina-todos-a-bailar, así que si querían disfrutar la música y la noche junto al río La Garone iban a tener que poner atención para ver que estábamos tocando. Curiosamente, fue con La Visión, esa larga y compleja rola que no tiene nada de latino, cuando yo sentí que estaban metidos con nosotros. Nos acompañaron por todos los pasajes y al terminar su reacción fue espontánea y natural. Ya podíamos tocar lo que fuera.

Claro, como siempre y en todos lados, no faltaba un pequeño contingente de mexicanos que incluso conocían la música y la cantaban. Me pareció ver que llevaban un bandera, como en el fut bol y la imagen se me hizo curiosa. Después de todo estábamos al lado del río y al frente se veía un puente de piedra medieval y el perfil de lo que pudiera ser un castillo.

Había una sensación gozosa al tocar La fuga de Rubén en medio de ese escenario.

Cuando terminamos nos sentimos con el derecho de celebrar. Los franceses, por su parte, habían sido expuestos a otro tipo de música que , después de todo, también se hace en México.

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De ahí Alex y yo nos fuimos a Barcelona mientras los Arreola se quedaron a recorrer un poco el sur de Francia. Recorrimos concienzudamente varias construcciones de Gaudí, se nos antojaba hacer un disco así. Luego yo me fui a Paris.

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Lo primero que se ve entrando a Paris en el tren que proviene del aeropuerto Charles de Gaulle no es la torre Eiffel, sino unos gigantescos anuncios de Cannon y Samsung que coronan los edificios más altos de la Ciudad Luz.

Justo en medio del vital cuadrante de Les Halles hay oprobiosos Mc Donalds y Burgur Kings, y la misma Rue de Rivoli, que corre paralela al Sena, se encuentra tachonada de Gaps, Bennettons, Adidas y demás boutiques globales. Por supuesto, la ciudad sigue siendo hermosísima y la cantidad de monumentos, iglesias, palacios y esculturas que la distinguen siguen brillando como siempre. Pero ahí esta la presencia imparable de la cultura global, es decir, gringa.

En la música obviamente pasa algo similar. En la mega tienda FNAC, esa especie de paraíso para el consumidor hedonista de cultura de masas, que bajo un solo techo alberga inmensas colecciones de libros, DVDs y CDs, la sección de música esta gobernada por las producciones mundiales que vienen del mismo país que envía las hamburguesas: Britnney Spears, Limp Biscuit, 50 Cent. Pero eso no impide que exista una muy nutrida sección dedicada a la Chansson Francaise, una forma muy vasta y variada de hacer música en dónde el único común denominador es la lengua en que se canta. Si hay algo que los franceses aman por encima de todos sus brillantes monumentos es su idioma.

Según Jaime López, es el letrista quien enseña a cantar al cantante. No hay duda que también cada idioma genera su propia música (¿y entonces porque nuestros raperos frasean exactamente igual que los del Bronx?) En la Channsson lo primero que llama la atención es justamente el tratamiento del lenguaje. Acostumbrados al ingles, después de todo tan cercano al ladrido, fascina la forma en que los franceses acarician las palabras. Ellos no cantan ni mucho menos gritan: susurran, saboreando las palabras con una voluptuosidad casi descarada.

La voz está siempre en primerísimo plano y los cantantes (y sobre todo las cantantes) practican un acto que es más intimista y seductor que cualquier otra cosa. A veces es posible sentir el aire que van exhalando al cantar.

Entre tanto rapero regañón, tanta popera gritona y tanto metalero encabronado, resulta altamente reconfortante escuchar a cantantes que aman profundamente lo que dicen.

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Hoy nos juntamos a comer los 4 en un café de la plaza de La Conchita. Antes Chema vivía por ahí y justo en ese café nos vimos la vez en que le planteé la misión de ser el baterista de La Barranca. En ese entonces por supuesto no entendía muy bien las implicaciones que tal cosa tenía y me miraba sorprendido. Yo intentaba explicarle un poco pero ¿cómo?. Supongo que ahora está mas claro a que me refería.

Pero no nos sentamos a hablar del pasado, sino del futuro. No se si esa vez le dije y ahora tampoco, pero lo pensé: siempre hay que estar empezando de nuevo.

Mañana inician ensayos.

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