Justo antes de salir a tocar, cuando terminaba Son de Madera, se soltó una lluvia portentosa. La gente corrió a refugiarse como fuera. ExistÃa media hora considerada entre cada banda para hacer el cambio de set. Mientras ponÃan nuestras cosas la lluvia seguÃa cayendo con fuerza. Como el festival estaba perfectamente organizado no habÃa manera de mover horarios. Si la lluvia no se iba Ãbamos a tener que tocar asÃ. Esperábamos el llamado medio aprensivos e hicimos varios conjuros. Y justo en el momento de subir al escenario la lluvia paró. El cielo de Toulouse se abrió de nuevo, la gente regresó gradualmente y pudimos tocar sin mayores problemas. Después de todo, ya un dÃa antes habÃamos “ensayadoâ€? en la FNAC.
El público francés está acostumbrado a escuchar. Yo creo que después de la tercer o cuarta rola se dieron cuenta que no éramos el tÃpico grupo fiesta-latina-todos-a-bailar, asà que si querÃan disfrutar la música y la noche junto al rÃo La Garone iban a tener que poner atención para ver que estábamos tocando. Curiosamente, fue con La Visión, esa larga y compleja rola que no tiene nada de latino, cuando yo sentà que estaban metidos con nosotros. Nos acompañaron por todos los pasajes y al terminar su reacción fue espontánea y natural. Ya podÃamos tocar lo que fuera.
Claro, como siempre y en todos lados, no faltaba un pequeño contingente de mexicanos que incluso conocÃan la música y la cantaban. Me pareció ver que llevaban un bandera, como en el fut bol y la imagen se me hizo curiosa. Después de todo estábamos al lado del rÃo y al frente se veÃa un puente de piedra medieval y el perfil de lo que pudiera ser un castillo.
HabÃa una sensación gozosa al tocar La fuga de Rubén en medio de ese escenario.
Cuando terminamos nos sentimos con el derecho de celebrar. Los franceses, por su parte, habÃan sido expuestos a otro tipo de música que , después de todo, también se hace en México.
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De ahà Alex y yo nos fuimos a Barcelona mientras los Arreola se quedaron a recorrer un poco el sur de Francia. Recorrimos concienzudamente varias construcciones de GaudÃ, se nos antojaba hacer un disco asÃ. Luego yo me fui a Paris.
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Lo primero que se ve entrando a Paris en el tren que proviene del aeropuerto Charles de Gaulle no es la torre Eiffel, sino unos gigantescos anuncios de Cannon y Samsung que coronan los edificios más altos de la Ciudad Luz.
Justo en medio del vital cuadrante de Les Halles hay oprobiosos Mc Donalds y Burgur Kings, y la misma Rue de Rivoli, que corre paralela al Sena, se encuentra tachonada de Gaps, Bennettons, Adidas y demás boutiques globales. Por supuesto, la ciudad sigue siendo hermosÃsima y la cantidad de monumentos, iglesias, palacios y esculturas que la distinguen siguen brillando como siempre. Pero ahà esta la presencia imparable de la cultura global, es decir, gringa.
En la música obviamente pasa algo similar. En la mega tienda FNAC, esa especie de paraÃso para el consumidor hedonista de cultura de masas, que bajo un solo techo alberga inmensas colecciones de libros, DVDs y CDs, la sección de música esta gobernada por las producciones mundiales que vienen del mismo paÃs que envÃa las hamburguesas: Britnney Spears, Limp Biscuit, 50 Cent. Pero eso no impide que exista una muy nutrida sección dedicada a la Chansson Francaise, una forma muy vasta y variada de hacer música en dónde el único común denominador es la lengua en que se canta. Si hay algo que los franceses aman por encima de todos sus brillantes monumentos es su idioma.
Según Jaime López, es el letrista quien enseña a cantar al cantante. No hay duda que también cada idioma genera su propia música (¿y entonces porque nuestros raperos frasean exactamente igual que los del Bronx?) En la Channsson lo primero que llama la atención es justamente el tratamiento del lenguaje. Acostumbrados al ingles, después de todo tan cercano al ladrido, fascina la forma en que los franceses acarician las palabras. Ellos no cantan ni mucho menos gritan: susurran, saboreando las palabras con una voluptuosidad casi descarada.
La voz está siempre en primerÃsimo plano y los cantantes (y sobre todo las cantantes) practican un acto que es más intimista y seductor que cualquier otra cosa. A veces es posible sentir el aire que van exhalando al cantar.
Entre tanto rapero regañón, tanta popera gritona y tanto metalero encabronado, resulta altamente reconfortante escuchar a cantantes que aman profundamente lo que dicen.
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Hoy nos juntamos a comer los 4 en un café de la plaza de La Conchita. Antes Chema vivÃa por ahà y justo en ese café nos vimos la vez en que le planteé la misión de ser el baterista de La Barranca. En ese entonces por supuesto no entendÃa muy bien las implicaciones que tal cosa tenÃa y me miraba sorprendido. Yo intentaba explicarle un poco pero ¿cómo?. Supongo que ahora está mas claro a que me referÃa.
Pero no nos sentamos a hablar del pasado, sino del futuro. No se si esa vez le dije y ahora tampoco, pero lo pensé: siempre hay que estar empezando de nuevo.
Mañana inician ensayos.