August 25, 2003

Filed under: Postales — Jose Manuel @ 10:21 am

Lo de Joel Rendón estuvo así: Presentó obra reciente en grabados y otras técnicas bajo el titulo de México Post Hispánico. Me parece que esto implica la intención de retomar ciertas imágenes y símbolos pre-hispánicos y trabajarlos desde su óptica, desde la perspectiva del siglo XXI. Hay desde luego un inmenso acervo, una inmensa herencia de imágenes de los antiguos que han logrado llegar hasta nuestros días e incluso ser parte de nuestra cultura gráfica. En algunos casos quizá ya no tengamos acceso al significado concreto de algunos de estos símbolos, porque además tienen que ver con toda una manera de ver y relacionarse con el universo que también se pierde en la niebla de los tiempos. Pero la fuerza de las imágenes permanece, lo mismo que su misterio.

Con estos elementos Joel realizó una serie de grabados. Había unas piezas increíbles y me gustó mucho lo que está haciendo actualmente, siempre me sorprende. Ahora percibí mucha más síntesis y contundencia.

Joel decoró todos los muros del espacio con dibujos tipo pre-hispánico y entre ellos colgó sus propios cuadros. Arregló también un par de altares con flores, velas y algunas imágenes religiosas. Había además 20 litros de pulque y cinco de mezcal. Es decir, más que la inauguración de una exposición era una ceremonia.

Estaban considerados un par de grupos que iban a tocar o leer antes que LB, pero por alguna razón no se animaron, solo hubo una lectura de textos.

Nosotros nos colocamos al ras del suelo y con los puros amplificadores, sin P.A. La idea era improvisar instrumentalmente, basándonos en las impresiones que nos generaban las imágenes de Joel. Normalmente cada ensayo de La Barranca comienza así, conforme cada quien va estando listo con sus cosas vamos improvisando y construyendo alguna pieza de manera espontánea. Esas piezas dependen en gran parte del azar y de lo que traiga cada quién en la cabeza, o del momento mismo por el que esté pasando la banda. Cuando logramos montarnos en una buena cresta podemos estar así diez o quince minutos, cuando estamos muy bien a lo mejor hacemos incluso otra pieza o más. Por supuesto, si no sentimos que cuaje nada lo paramos y pasamos a ensayar cualquier rola.

Entonces, estamos habituados a hacer esto y de hecho es precisamente una de las dinámicas que determinan si una banda funciona o no. ¿Cómo describir la sensación de estar en medio de una música que nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde va, y que sin embargo lleva su propio rumbo y te arrastra con él?. Solo que normalmente esto lo hacemos sin público. El riesgo de caerte del alambre siempre existe, pero en el estudio nadie te ve. Ahora había que intentarlo para Joel y sus invitados.

Empezamos antes de que llegara Alex, que se unió a la mitad de la primera improvisación. No lo vi pero sentí cuando llegó, y me dio gusto encontrarlo ahí, ya mimetizado con nosotros. A la mitad de esa pieza para mi fue claro que estábamos conectados.

Me parece que alguien ya describió por ahí, con mayor detalle, lo que sucedió desde su perspectiva como espectador. Tal vez no hay mucho que agregar.

Pero el momento más especial, como performer, definitivamente fue en la segunda pieza, una versión como de 10 minutos de Como si fuera Tolteca. Está pieza es una de las favoritas de Joél, quien, al igual que yo, se identifica con esa consigna. Nos había pedido que la tocáramos. Mientras lo hacíamos, Joél tomo sus pinceles y sobre un fondo negro en un panel de madera dibujó la imagen de un tolteca de dos metros de alto. La parte de en medio de la canción está diseñada desde siempre para improvisar. Cuando la tocamos en vivo es uno de nuestros pasos por el alambre (y hay varios más). Ahora se convirtió en una improvisación que crecía conforme iban surgiendo los trazos de Joél. Fue un experimento único porque de alguna manera la música y el dibujo se unían para crear una sola cosa. Al terminar, Joel puso su firma en un extremo del panel. Luego agregó, me parece que con justicia, La Barranca.

Hicimos un par de piezas más y creo que entre los que estabamos ahí, público incluido, logramos hacer una noche muy singular. Estaba por ahí también Gilberto Martínez, responsable entre otras cosas de las nuevas cubiertas de las reediciones de El Fuego y Rueda. Esta vez iba con sus padres y hablamos de Toña La Negra. Gilberto hizo un excelente vidéo de animación para Tolteca, que deberemos dar a conocer de alguna manera.

Cuando preparábamos la primer tocada de La Barranca, hace exactamente ocho años, buscábamos una imagen para realizar un cartel anunciándola. Era el nacimiento de la banda así que buscábamos una imagen especial. Por casualidad encontramos en una revista unos grabados que tenían justamente lo que buscábamos. Era un poco como la representación gráfica de la música que queríamos hacer. Como no somos dados a la piratería decidimos localizar al autor (suponiendo que estuviera vivo, pues los grabados tenían cierta cualidad atemporal y podrían haber sido hechos ese mismo año o hace cien).

A través de la revista llegamos al autor, que no era otro que Joel. Fuimos André, Fong y yo a su taller, en ese entonces en la colonia Roma. Intercambiamos ideas, música e imágenes y Joel nos proporcionó una para el cartel de La Barranca, una que se llama El aperitivo. Es una especie de día de campo en donde hay varios personajes sentados en la hierba, junto a una botella de tequila. Nos pareció apropiada. Poco después decidimos involucrarlo en la portada del primer disco de LB, que ya teníamos en proceso. Creo que desde entonces, de alguna manera, estamos trabajando juntos, o por lo menos en paralelo.

Como muchos saben, Joel es el autor de las imágenes gráficas de El Fuego de la Noche y Tempestad. Imágenes suyas aparecen también ahora, de manera sutil, entre las capas de Denzura.

Por otro lado, desde que le entregué a Joel una copia de Yendo al Cine Solo, hace un par de años, hemos discutido la idea del tolteca. Retomar ciertos principios éticos, ciertas posturas que equivalgan a poner al día la actitud, sobre todo la actitud, con que trabajaban nuestros ancestros artísticos más remotos.

Los toltecas eran vistos como los generadores de la cultura del altiplano de México. Los creadores de los versos y las imágenes, los de la tinta negra y roja. Los aztecas después se adueñaron de esta herencia, e incluso entre ellos tolteca era una forma de referirse a los artistas

La idea es que, pese a las circunstancias del mundo y del país en particular, debemos ser capaces de generar belleza en nuestro entorno. Belleza en donde quepa todo, lo grotesco y lo terrible también, belleza que surja de nosotros. Como si fuéramos toltecas.

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La semana entonces fue de reencuentros. A veces pareciera que basta pensar en las personas para que estas se parezcan. Después de Joel vi también a Alfonso André y luego a Jaime López. Todos sanos y más o menos salvos. El horizonte, abierto.

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Once again the machines

El 22 de agosto La Barranca entró de nuevo al Submarino. Habrá siempre para mi una emoción especial, un cosquilléo, una adrenalina que se desata en el momento de grabar una nueva canción.

Ahora iniciamos Alex y yo, con las guitarras acústicas de esta canción que por el momento llamamos Desierto. Alex hizo un track con la de 12 cuerdas y yo uno con la de cuerdas de nylon. Para variar, esta vez grabamos al mismo tiempo y en el mismo cuarto. De tal manera que sus errores se metían por mi micrófono y viceversa !!. Pero no, no, hasta eso que solo nos tomó un par de tomas llegar a la buena. Hicimos luego un solo con las eléctricas que también es casi doble, como haciendo una guitarra a partir de dos. En la semana intentaremos avanzar con lo que sigue: los hermanos Arreola, que por ahora fueron los productores emocionales de la sesión. Tras el brindis de rigor fuimos a ver a Nine Rain, para cerrar la semana de reencuentros. Efectivamente, hay una edición rusa que junta los dos discos de Nine Rain. Pero aún no tengo uno en mi manos.

El caso es que, por lo que a grabaciones se refiere, hemos iniciado…

August 13, 2003

Filed under: Postales — Jose Manuel @ 10:19 am

La primera vez que escuché el Chan Chan fue en una compilación de Discos Corazón que me pasó Edmundo Navas, director entonces de la hoy tristemente desaparecida Opción Sónica. Creo que fue en el 95, mucho antes de lo de Buenavista Social Club. Esta era una versión simple, “campesina�, del Cuarteto Patria (comandado por Eliades Ochóa).

La oímos André, Fong y yo y desde la primera vez nos cautivó. Había algo atrayente y lírico en esa pieza. La melodía se entretejía perfectamente con los acordes y la emoción parecía dirigirse siempre hacia arriba ¿y que era eso de Marcané y Mayarí? ¿un juego de palabras? De cualquier manera, funcionaba extraordinariamente bien.

Casi desde el principio intentamos tocarla. No había problema con los acordes, una vuelta ingeniosa pero finalmente simple (Dm – F – Gm - A7) que se repetía incansablemente. Aunque creo que parte de lo que me gustó desde el principio, y que me parecía muy moderno, era justamente que se repitieran todo el tiempo. La dificultad no estaba ahí sino en el pulso, en la síncopa. Era un ritmo que podíamos tocar contando, pero el chiste es tocarlo sin contar, sentirlo. Y si no lo traes en las venas, eso lleva tiempo.

Nuestros primeros intentos no llegaron muy lejos. Aunque la canción seguía atrayéndonos.

Un par de años después nos la topamos de nuevo. Venía como abridora del disco Buenavista Social Club, que compramos en San Diego mientras mezclábamos Tempestad. Ahí andaba ahora Eliades, tocando junto a Ry Cooder y otros maestros de la vieja escuela cubana. A partir de ahí de alguna manera el Chan Chan se convirtió en la canción emblemática de todo el movimiento sonero que surgió con el Buenavista. Sonaba excelente y decidimos intentarla con La Barranca de nuevo.

Esta vez encontramos una mejor manera de tocarla e incluso hacer un arreglo que involucraba guitarras eléctricas y batería. O sea, llevarla un poco a nuestros terrenos. La grabamos a toda prisa en la Navidad de ese año (con Alfonso como Ingeniero y el Cox en una de las acústicas). Esa es la versión que aparece en la reedición de El Fuego de la Noche.

Quedamos satisfechos con ella pero ciertamente casi nunca la tocamos en vivo, no nos la apropiamos.

Dos años después estuve en La Habana, grabando Rain of Fire con Nine Rain. Estuvimos en los estudios EGREM, donde se grabó también lo del Buenavista…Un día al llegar al hotel me topé con una silueta imponente y sombreruda que abría la puerta de su cuarto, ubicado justo frente al mío. Para mi sorpresa era el mismísimo Eliades Ochoa en una escala en su ruta hacia París. No resistí la tentación de abordarlo (un hombre muy sencillo y hasta cierto punto aún no acostumbrado a la fama). Platicamos de muchas cosas, lo invité al estudio, que estaba a un lado, y obviamente hablamos del Chan Chan. Yo llevaba en mi maleta un par de copias de nuestra versión, “por si acaso…�, así que le entregué ambas a Eliades, rogándole que le hiciera llegar la otra al compositor. Me dijo que, con la nuestra, conocía ya 19 versiones del Chan Chan. Aunque ninguna, me aclaró, tenía un solo de guitarra eléctrica.

Ahora retomamos esa canción con Alex y los Arreola para hacer un pequeño homenaje a su autor, el mítico Compay Segundo, con la idea de provocarle otra sonrisa dondequiera que esté. No tuve el gusto de conocerlo personalmente pero lo vi tocar algunas veces en México. Si algo parecía, era un hombre que disfrutaba la vida.

Quizá el tocar Animal en Extinción (cuyo pulso surge de ahí) nos ha servido de entrenamiento. O quizá ya descubrimos que de alguna manera sí traemos algo de eso en las venas. El caso es que ahora que la tocamos en el Norte (especialmente en Nuevo Laredo) me parece que lo hicimos dignamente.

No soy de los que suelen puntualizar “tal canción� o “tal disco� me cambió la vida. Aunque acabo de leer por ejemplo que Paul Gauggin aseguraba que un cuadro de Manet (Olympia) le había cambiado la vida, marcando su decisión de ser pintor. Él lo tenía muy claro y cuenta como ese cuadro se convirtió en su obsesión.

En mi caso más bien creo que hay una serie de canciones y un cierto número de autores que sí me han tocado al punto de hacerme ver el mundo de manera distinta. Y que por lo tanto han cambiado mi vida. Una de esas es definitivamente el Chan Chan.

Esas son las cosas que uno busca: una canción, un acorde o una noche que te cambien la vida

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En Nuevo Laredo la ciudad parecía tomada por el ejercito. Tras varios enfrentamientos entre narcos y policías, que llevan una sorprendente cuota de víctimas en lo que va del año, varias calles estaban cerradas por vehículos del ejercito (“tanquetas suena más impresionante� dijo Alonso). Llegamos ahí a media mañana y nos sorprendió que a pesar de eso la vida en la ciudad parecía normal. Mucha gente en las calles y la vibra especial y super intensa de las fronteras.

Aún así teníamos dudas de lo que podría pasar en la noche. Pero afortunadamente la gente parece no estar dispuesta a ser rehén de estos enfrentamientos (entre malos y malos dijo alguien del público) y pudimos tocar como esperábamos. Fue muy bueno conocer a gente de allá pues es la primera vez que LB tocaba ahí. Y nos dio mucho gusto ver también a gente de ciudades cercanas que se habían lanzado a Nuevo Laredo solo para ver a La Barranca. Esto valida la idea de que la música de LB llega a los lugares que tiene que llegar más por un efecto de boca en boca que por algún tipo de campaña publicitaria. Lo que por cierto en el Norte jamás se ha hecho. Por eso encontrar a la gente ahí tiene muchísimo valor para nosotros. Sabemos que van ahí por su propia decisión, porque los atrae la música y nada más.

Algo similar sucedió en Monterrey. Además de la gente de ahí, muy cariñosa por cierto, había gente de Chihuahua, Tampico y más que habían ido a ver a la Barranca. Tocamos de noche y el escenario es en verdad imponente. Si de por si la ciudad de Monterrey tiene ese paisaje tan especial, con las montañas alrededor, ahí en la Huasteca los muros de piedra casi se tocan con la mano. Fue un honor tocar ahí, para ese público además.

Personalmente yo me saqué una espina que traía clavada desde la vez anterior que tocamos ahí. Hubo entonces miles de fallas con mi equipo y jamás pudimos sentirnos a gusto. Ahora todo fluyó muy bien (gracias Enrique), a pesar de que el ampli de guitarra que me pusieron era un Fender medio chafa. Pero de alguna manera la gente y las montañas hicieron que sonara bien. Nos hubiera gustado tocar más pero éramos parte del Festival y me parece que seguía otra banda.

Queremos volver a Monterrey pronto, a hacer un concierto mas largo, de La Barranca. El Mopri se comprometió a hacerlo así que él tiene la jugada ahora. Esperemos que la cumpla.

Mientras tanto estamos trabajando Desierto, que es la siguiente canción de LB y con la que queremos celebrar su 8º. aniversario. La sonamos ya en la prueba de sonido de Nuevo Laredo y casi nos sale. Queremos grabarla ya y empezar a revisar otras ideas y rolas que hemos hecho Alex y yo.

Estuve luego una semana en Tlacotálpan y Palenque. La única música que oí durante ese tiempo fue la de las cigarras.

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