TV I

Leí una vez una entrevista con un actor porno español en la que decía más o menos lo siguiente: “Todos envidian mi trabajo porque creen que solo consiste en hacerle el amor a las divas del sexo. Pero detrás de cada escena que ven en la pantalla hay por lo menos 20 personas en el set de filmación que no tienen nada que ver entre la chica y yo: camarógrafos, iluminadores, estilistas, maquillistas, directores; por no hablar de la gente de la compañía: managers, productores y demás. En esas condiciones es verdaderamente difícil lograr un performance (¿una erección?), además de que hay cortes e interrupciones a cada momento. Las actrices pueden fingir, seguro; pero los actores simplemente tenemos que lograrlo. No es precisamente placentero, tienes que ser un profesional”

Pensaba en esto mientras me paseaba por los pasillos de TV Azteca el pasado viernes: ¿cómo hacer para que la música de La Barranca se apareciera en medio de ese ambiente de plasticidad total?

Ya por ahí Elizabeth hizo el favor de describir en el guestbook como es el mundo tras las cámaras, en el foro de un programa de televisión de estos. Quienes hayan visto la excelente película Ginger & Fred, de Federico Fellini, podrán tener también una idea de lo que hablamos.

Es claro que en un programa de estos, con tantos participantes en vivo y compartiendo un mismo foro, hay una preocupación constante por la continuidad. Nada se puede retrasar ni nada puede salirse del guión de tiempos preestablecidos. Cualquier ajuste tiene que hacerse a la hora de comerciales o cuando se pase algo pregrabado. Todo lo demás tiene que hacerse en absoluto silencio. Y hay tipos encargados de asegurarse que tal cosa suceda.

Nosotros habíamos ido primero en la tarde a realizar la prueba de sonido, la cual corrió sin contratiempos. La única cosa extra fue que yo solicité dos monitores para la voz, pues me parecía que de otra manera no sentía su presencia en el escenario. Mi petición fue cumplida sin problemas y al terminar dejamos todas nuestras cosas armadas, ya que nos dijeron que nadie más utilizaría ese escenario. Es decir, todo quedaría ahí tal y como lo dejáramos.

Regresamos al programa como a las 11:30 pues Alonso quería saludar a Tania Libertad, con la que tiene una relación de muchos años. Mientras esperábamos nuestro turno se nos asignó un camerino y ahí fue donde yo permanecí todo el tiempo: no tenía ganas de andar paseándome por el foro, de por si lleno de gente corriendo de un lado para otro.

Finalmente nos dieron el llamado; estaba próximo nuestro turno y querían tenernos listos ya por ahí en el foro. Yo seguía pensando cómo sería posible que la música se apareciera en ese entorno. Les comenté a mis compañeros que tendríamos que hacer un acto equivalente al de Moisés: partir en dos ese mar de plasticidad para permitir que por en medio pasara nuestra música.

Conforme se va aproximando el momento de salir todo se hace más caótico y nervioso. Estábamos ahí, ya listos, cuando nos enteramos de una novedad: una cantante de La Academia iba a salir antes que nosotros, y además iba a ocupar “nuestro escenario”.
-Pero no se preocupen- dijeron ellos- Van a hacer play-back y no van a mover nada de su equipo.
No tango nada personal contra el play back, ni siquiera contra quienes lo practican como forma de fundamental de su proyección artística; pero si fue alarmante ver a un grupo de músicos instalarse en medio de nuestros amplificadores y de las delicadas pedaleras de Alex y mía. Las reglas del play-back establecen que, pese a que nadie va a tocar ni a cantar nada, la estrella tiene que salir acompañada de músicos quienes, sin conectar sus instrumentos, fingen estar acompañándola mientras ella finge cantar.

Finalmente llegó nuestro turno. No había chance de ver si algo se había modificado pues no podíamos hacer ruido en ese momento. Dieron la cuenta de treinta segundos para salir al aire, todo mundo moviéndose hacia nuestro lado. Faltaban mis dos monitores pero ya alguien los instalaba apresuradamente. En ese momento me di cuenta que, seguramente, alguien había golpeado mi guitarra, ocasionando que un seguro de afinación se soltara. Es decir, estaba desafinado pese a las horas que le invirtió Vicente a mi guitarra. En los 20 segundos restantes intenté afinarme con Alex, pero todo mundo hablaba y era difícil hacerlo sin volumen. Creo que lo logré en un 85 %; definitivamente no lo más recomendable cuando vas salir al aire en cadena nacional:

5,4,3,2,1…

Recordé entonces al actor porno. No puedo hablar del resultado de lo que hicimos ahí, con un 15 % de disonancia, pero una cosa es segura: cambió la energía. Todo el foro se convirtió entonces en otra cosa; no se si buena o mala, pero si algo definitivamente barranca. Las canciones sonaron y fuimos capaces de meternos en ellas. Alex me cubrió las espaldas tocando las partes que yo no podía tocar (claro, una vez que detecté cuales eran). En esos momentos siempre es bueno voltear a ver a Chema, que permanece con el corazón en el centro.

Lo bueno fue detectar, entre el pequeño público que hay en el foro, rostros conocidos. Para mí, en esos momentos fueron como ángeles y creo que sin su presencia las cosas hubieran sido fatales. Gracias por acompañarnos.

Cuando terminamos sentí, con toda seguridad, que de alguna manera habíamos logrado partir las aguas de la plasticidad: claro, con ayuda de la disonancia.

Y que dios bendiga a Sonic Youth.

***

Soy enemigo de los consejos pues ya se sabe que sólo sirven para no hacerles caso, es decir, son una pérdida de tiempo. Pero algunas enseñanzas se sacan de todo esto y aquí las comparto con los colegas músicos:

1.) Nunca acepten hacer programas de TV en vivo
2.) De ser inevitable, hay que llevar guitarras de back-up

3.) En cualquier caso, hay que prepararse viendo mucho porno